El pasado mes de noviembre presentamos, con la colaboración de Landaluz, el VII Estudio del Sector Agroalimentario de Andalucía. Un proyecto apasionante en el que, a partir de un análisis del desempeño económico y financiero de las compañías del sector y de la visión de sus directivos, ofrecemos un termómetro cuantitativo y cualitativo para medir la situación del sector y sus prioridades estratégicas, perspectivas y retos para los próximos años. 

Pese al inevitable impacto de la pandemia en la facturación y resultados empresariales, a través del diagnóstico realizado se puede constatar que las compañías agroalimentarias andaluzas muestran una excelente robustez financiera y una situación patrimonial favorable, lo que constituye una base sólida para afrontar un presente y un futuro inmediato con enormes desafíos. 

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Enrique Porta, Socio responsable de Consumo y Distribución de KPMG

Las presiones en costes y la evolución de los precios emergían, en dicho informe, como una de las grandes preocupaciones para los actores del sector. El 92% esperaba entonces que tanto los costes de producción como los precios de venta al canal continuaran aumentando, y un 86% vaticinaba que este incremento se acabaría repercutiendo, en mayor o menor medida, al consumidor. Los datos posteriores así lo han confirmado, con tasas de inflación en diciembre de 2021 del 6,5% a nivel general y del 5,0% a nivel sectorial, valores similares a los registrados en enero de 2022 (6,1% y 4,8%, respectivamente) según el INE. 

El equilibrio entre rentabilidad y competitividad es, por tanto, más acuciante que nunca en un contexto en el que las empresas agroalimentarias están tensionadas en ambos extremos de la cadena de valor. La triple crisis de costes (energéticos, de transporte y de materias primas e insumos) generada por los vaivenes de oferta y demanda de la pandemia, y acentuada por las tensiones geopolíticas recientes, contrasta con la sensibilidad del consumidor al precio (factor más importante en su decisión de compra, según el 62% de las empresas del sector encuestadas); una sensibilidad que también se ve acrecentada por una coyuntura inflacionaria que está erosionando el poder adquisitivo de los hogares y puede ralentizar la recuperación económica. 

Importancia de la tecnología

Ante esta situación, la tecnología destaca como una aliada imprescindible para las empresas agroalimentarias andaluzas en la que se deberá invertir decididamente. Tanto para incrementar su eficiencia operacional, como para mejorar la interacción digital y el conocimiento del consumidor y sus expectativas cambiantes e incorporar esta información en el proceso productivo. Sin duda, el aprovechamiento de las últimas herramientas tecnológicas y los canales digitales pueden generar importantes ventajas competitivas para las compañías andaluzas tanto a nivel nacional como internacional, facilitando con ello su expansión en otros mercados, lo cual es una de las principales prioridades del sector para los próximos años. 

El despliegue de los fondos europeos, ya en marcha, puede facilitar estas inversiones necesarias e impulsar la transformación digital del sector y su transición sostenible y saludable, otra de las prioridades en la agenda de los directivos. Destaca en este sentido el PERTE Agroalimentario, dotado con 1.000 millones de euros, que aspira a democratizar el acceso a la tecnología (con medidas como el programa Kit Digital, orientado a pymes y con una asignación específica para el sector agroalimentario de 275 millones de euros) y a impulsar proyectos transformadores y colaborativos entre los diferentes agentes de la cadena de la industria. En este último caso, con un volumen de recursos públicos de 400 millones de euros, se potenciarán proyectos tractores en tres bloques que están alineados con las prioridades reconocidas por el sector: Competitividad y mejora de la eficiencia mediante la incorporación de las últimas tecnologías; Sostenibilidad; y Trazabilidad y seguridad alimentaria. 

Asimismo, de forma complementaria al PERTE Agroalimentario, los fondos europeos están abriendo un amplio abanico de oportunidades en ámbitos relevantes como, por ejemplo, las energías renovables y la eficiencia energética. 

En este sentido, cabe recordar que un 49% de las empresas del ecosistema de LANDALUZ afirmaron en nuestro estudio que esperan poder acceder a estos fondos para apoyar y acelerar las inversiones previstas para la transformación del sector, y desde KPMG estamos comprometidos en apoyar a la asociación y sus miembros para la consecución de dicho objetivo. 

Enrique Porta
Socio responsable de Consumo y Distribución de KPMG

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